Juramento Guardianes: La Ultima Posibilidad de Zendikar
| lunes, 25 de abril de 2016 at 18:46:00
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El plan se ha puesto en marcha y todo Zendikar pende de un hilo.
Chandra est谩 preparada para hacer su parte, al igual que Kiora, pero si
los Planeswalkers quieren salvar Zendikar, su plan tendr谩 que ejecutarse
a la perfecci贸n.
El aire ten铆a un olor antiguo, granulado, como si el polvo de la estela de Ulamog se hubiese descompuesto en part铆culas min煤sculas hasta que la ruina de Zendikar se convirtiera en una capa que cubr铆a el mundo.
Chandra acuchill贸 el aire con los brazos en llamas y atrajo la atenci贸n del tit谩n devorador, una mole de treinta metros. Lo hizo a prop贸sito, aunque resultara extra帽o. Poqu铆simos d铆as atr谩s le hab铆an concedido el prestigioso t铆tulo de abadesa de la Fortaleza Keral. Se pregunt贸 cu谩l ser铆a su t铆tulo actual. Algo as铆 como "cebo de primera".
Mand贸 alejarse a uno de los dos grupos de zendikari, el encargado de atraer a Ulamog. La multitud de kor, vampiros, trasgos, elfos y otros aliados march贸 hacia el lugar acordado sin poder apartar la vista del tit谩n que ten铆an sobre sus cabezas. No los culp贸 por ello: el plan requer铆a que parecieran lo m谩s tentadoramente vivos posible... delante de un ser que exist铆a para ingerir la vida.
Directamente en la trayectoria de los titanes se encontraban Jace y Nissa, como hormigas interpuestas en el camino de dos gigantes imparables. Ellos tambi茅n lo hac铆an a prop贸sito. Solo ve铆a a Nissa de perfil en la cima de una colina rocosa, colaborando con Jace para preparar el hechizo que salvar铆a el mundo.
―Chandra, nosotros nos encargaremos de ellos. Haz lo que puedas para que Ulamog siga avanzando ―le advirti贸 Jace antes de que oyese los chirridos.
Una oleada de z谩nganos eldrazi apareci贸 desliz谩ndose en el camino del ej茅rcito que hac铆a de cebo. Su grupo no pod铆a detenerse a luchar, pero Chandra no pod铆a encargarse de ellos desde la retaguardia. M谩s val铆a que Jace tuviese raz贸n. Mir贸 hacia arriba y lanz贸 dos llamaradas que rebotaron en la m谩scara inquebrantable de Ulamog.
―Kiora, un contingente se acerca por el sur. ¿Puedes contenerlo?
Kiora se irgui贸 y apret贸 con fuerza su bidente. Las olas crecieron y brincaron alrededor de ella como si fuesen delfines y la llevaron desde las aguas de Halimar a tierra firme. Pas贸 junto a la base de la colina donde se encontraban el mago mental y la elfa y asinti贸 en direcci贸n a Jace. Se帽al贸 con el arma hacia una llanura y plant贸 cara a los z谩nganos con coronas de obsidiana y sus cong茅neres con m煤ltiples patas.
El enjambre avanzaba hacia el flanco de la piromante. Con un gesto del artefacto divino, un muro de agua surgi贸 alrededor de ella y golpe贸 como el pu帽o de una deidad de los mares, barriendo a los engendros y despe帽谩ndolos por un barranco. Kiora gir贸 sobre un torrente de agua y comprob贸 si quedaba alg煤n atacante rezagado, pero vio que el camino de los soldados estar铆a despejado por el momento.
―Hecho ―respondi贸 a Jace.
El plan de atraer a los titanes hab铆a funcionado de momento, aunque esa era la parte f谩cil. El mago mental y la elfa ten铆an que llevar a cabo la tarea crucial: alterar las l铆neas m铆sticas de Zendikar sin la ayuda de los edros y encerrar a los Eldrazi en ellas para que las propias l铆neas drenaran a los colosos hasta extinguirlos. Era una magia improvisada y peligrosamente intangible.
Aun as铆, Kiora estar铆a encantada de librarse de los Eldrazi para siempre. Hab铆a decidido esperar y ver qu茅 suced铆a.
Ascendi贸 sobre un pilar de agua y observ贸 el campo de batalla. A lo lejos, m谩s all谩 de las ruinas de Portal Marino, los maltrechos ej茅rcitos zendikari se aproximaban y tra铆an a los titanes consigo. Bajo ella, en una peque帽a colina que se elevaba sobre la cuenca de Halimar, se encontraban el mago mental y la elfa. La elfa que pensaba que pod铆a ser la clave de todo.
Nissa era la clave de todo y Chandra lo sab铆a. Los dos ej茅rcitos se encontraron justo delante de la posici贸n de Nissa y Jace.
―Chandra, Gideon, ya es suficiente. Dispersad al ej茅rcito. Los titanes est谩n en posici贸n.
Chandra mir贸 hacia atr谩s y vio a Nissa en un saliente de roca, brillando con el poder de su magia.
Las llamaradas de aviso se reflejaron en las crestas de las olas de Kiora, que parecieron un mar de fuego. Gir贸 y vio a los titanes adentr谩ndose en el valle: el lugar acordado, la trampa. Cuando la elfa se ilumin贸, Kiora tom贸 una bocanada de aire polvoriento.
Unas corrientes de magia verde y brillante se volvieron visibles y recorrieron la tierra de horizonte a horizonte. Se doblaron, se enderezaron y se reposicionaron, orient谩ndose hacia Nissa. La tierra bajo sus pies emit铆a ondas de luz y Kiora vio esa misma luminosidad en los ojos de la elfa.
Se levant贸 un viento fuerte y el cielo se atenu贸. Kiora vio al mago mental observando los patrones que formaban las l铆neas m铆sticas en el valle, bajo los pies de Nissa. Oy贸 susurros de la comunicaci贸n telep谩tica entre ellos, como si escuchase en secreto una conversaci贸n urgente entre esp铆ritus. Distingui贸 palabras sueltas sobre la forma del glifo, el patr贸n de las l铆neas, un ciclo irrompible, un patr贸n estable de man谩 intenso...
De s煤bito, el patr贸n encontr贸 la forma adecuada. Un glifo tripartido de treinta metros de di谩metro se manifest贸 en el fondo del valle como un intenso fuego verde. De 茅l surgieron lazos kilom茅tricos de man谩 puro que se enroscaron alrededor de los titanes y comenzaron a tirar de ellos.
Sin embargo, las l铆neas m铆sticas se tensaron. Consiguieron resistir y anclar a los titanes a Zendikar.
El alarido de los titanes eldrazi fue tect贸nico. La tierra se estremeci贸, se resquebraj贸 y ondul贸. En el suelo se abrieron grietas y numerosos fragmentos de tierra rota surgieron hacia la superficie mientras el plano se debat铆a y forcejeaba. El hechizo de la elfa hab铆a conseguido afectar a los titanes... y as铆 respond铆an ellos; con una respuesta capaz de quebrar mundos.
Entonces llegaron Eldrazi menores por todas partes, con las mand铆bulas chasqueando. Kiora ascendi贸 a un saliente de tierra reci茅n formado y repeli贸 una oleada de engendros con su propia ola marina. Con el viento azot谩ndole las aletas, reclam贸 man谩 para invocar a un leviat谩n, pero sinti贸 que el plano se resist铆a a la llamada. Pr谩cticamente todo el man谩 se dispersaba hacia las alturas antes de que Kiora pudiese acumularlo.
El hechizo de la elfa reten铆a a los titanes, pero a costa de absorber todo el man谩 de Zendikar. ¿Iba a permitir que la tierra acabara en ruinas con tal de atraparlos?
―¡Nissa, tira de ellos! ―grit贸 el mago en medio del vendaval―. ¡Tienes que retenerlos en el glifo para drenarlos!
Kiora vio que la elfa forcejeaba, con los brazos extendidos para canalizar las l铆neas m铆sticas a trav茅s del hechizo y de ella misma. Traz贸 un arco desde la tierra hacia el cielo y un nuevo conjunto de lazos se aferraron a los titanes. El suelo tembl贸 por el esfuerzo.
Algo se quebr贸 en las profundidades del plano, pero de alg煤n modo, Kiora oy贸 el sonido como si procediese de las alturas.
Un movimiento en el cielo llam贸 su atenci贸n. Alrededor de los grandes titanes, la b贸veda celeste se agit贸 y se pleg贸 como si fuera a estallar una tormenta. Pero aquello no era una tempestad... Era otra cosa. El color del cielo se alter贸 y pas贸 de un azul brumoso a unos asfixiantes tonos magentas y verdes. La luz solar desapareci贸, eclipsada por una textura, una especie de p贸lipo palpitante. Y para horror de Kiora, vio lo que les ocurri贸 a los titanes...
Se doblaron, se distorsionaron, se extendieron.
Sus cabezas se hincharon y sus cuellos se estiraron, formando arcos que abarcaron el cielo.
Sus rostros se ensancharon, se volvieron c贸ncavos, se expandieron hasta el horizonte en todas direcciones.
Y entonces empezaron a llover Eldrazi.
"Esto es nuevo", pens贸 Chandra.
El cielo de Zendikar se hab铆a convertido en los titanes. Sus formas lo envolv铆an todo, como una b贸veda de carne amoratada y l谩minas de hueso y fragmentos de vac铆o. En vez de tirar de los titanes hacia Zendikar, parec铆a que Zendikar estuviese en el interior de los titanes... O que su dimensionalidad se hubiera invertido de alg煤n modo y ahora el exterior de sus enormes cuerpos se extendiese por doquier.
El torso de Ulamog segu铆a imponi茅ndose sobre el campo de batalla, pero sus extremidades y tent谩culos se proyectaban de manera incongruente desde diversos puntos del cielo. Una parte de la corona de Kozilek se extend铆a y rotaba en el repugnante firmamento como si fuese una luna demencial. Los l铆mites se desdibujaron y las entidades se fundieron. Unos zarcillos sobrenaturales sobresalieron del cielo magenta, contorsion谩ndose y estir谩ndose, y descendieron hacia el suelo como nubes embudo. Entonces comenzaron a emerger Eldrazi de todos los brotes, aterrizando con agilidad o estrell谩ndose estruendosamente.
Chandra se encar贸 con la nueva marabunta, lanzando cuchilladas de fuego y abri茅ndose paso como una guada帽a. Para su preocupaci贸n, parec铆a que el amasijo de Eldrazi segu铆a conectado a los dos titanes. De hecho, se sinti贸 como si intentara herir a dos entidades inmensas y cohesivas que dominaban el cielo, mucho m谩s vastas de lo que hab铆an sido los titanes.
Entonces vio los destellos del sural de Gideon y oy贸 sus gritos para dirigir a los zendikari. Hubo rugidos de batalla, soldados que cargaron para repeler a la nueva fuerza eldrazi y alaridos de soldados despedazados.
―¡Nissa! ―la llam贸 por impulso, pero su voz se ahog贸 en los vendavales antinaturales y el estruendo de la batalla.
Los ojos de su compa帽era se hab铆an vuelto de un verde cegador y el man谩 surg铆a de ella en l铆neas rectas que ascend铆an hacia el cielo en todas direcciones. Las l铆neas m铆sticas tiraron del glifo hacia arriba, a la par que atrajeron a Nissa. Chandra la vio elevarse en el aire por un momento, arrastrada hacia el cielo de los titanes. Entonces cay贸 al suelo de rodillas, con los brazos temblorosos y apretando los dientes.
―¡Jace, no puede soportarlo! ―grit贸 Chandra.
―¡El hechizo funciona! ―respondi贸 茅l―. ¡Resistid!
―¡¿Que funciona?! ―le espet贸 Chandra―. ¡¿C贸mo lo sabes?! ―pregunt贸 antes de vaporizar a varios Eldrazi que reptaban hacia Nissa.
De repente la tierra tembl贸 con violencia y multitud de zendikari cayeron al suelo. Chandra vio numerosas grietas abri茅ndose en el valle, dividiendo y tragando la tierra y sacudiendo la colina en la que se encontraban Jace y Nissa. En las alturas, algo nuevo ocurr铆a a los titanes.
Kiora levant贸 la cabeza hacia la membrana en la que se hab铆an convertido los titanes y vio unas grietas extendi茅ndose por ella. El glifo hab铆a formado una conexi贸n entre los titanes y Zendikar, y las l铆neas m铆sticas los erosionaban paulatinamente. Eran seres nativos de la Eternidad Invisible y arrastrarlos completamente a esta realidad hab铆a empezado a afectar a su existencia. Los titanes por fin comenzaban a quebrarse.
Sin embargo, la tierra de Zendikar tambi茅n se quebraba al mismo tiempo, aunque mucho m谩s r谩pido. El aire era una tormenta de r谩fagas discontinuas. El mar se llen贸 de remolinos. Kiora sab铆a que la tierra que pisaban ser铆a lo siguiente en sufrir.
El mago mental la mir贸 y Kiora oy贸 sus palabras en la mente―. Vamos, utiliza tus olas y det茅n a las hordas. Consigue m谩s tiempo para Nissa.
Kiora blandi贸 su arma a un lado y a otro y el agua marina se estrell贸 contra las acumulaciones de Eldrazi. Sin embargo, reserv贸 un 煤ltimo conjuro para el momento cr铆tico. Mientras repel铆a los enjambres, observ贸 la masa terrestre que flotaba sobre ella, la misma isla que hab铆a visto antes de que el hechizo comenzase. Mientras las masas terrestres se mantuvieran en el aire y aquel rasgo distintivo de su mundo resistiera, podr铆a conseguir m谩s tiempo para la elfa.
Chandra sinti贸 un hormigueo en los dedos. Mientras la tierra se divid铆a a sus pies, los titanes gem铆an y retumbaban en las alturas. Una multitud de fisuras segu铆an abri茅ndose en sus formas, como grietas en el cielo. Los titanes no parec铆an solo espeluznantes y vastos, sino que por primera vez daban la impresi贸n de ser vulnerables.
Se encontr贸 con la mirada de Gideon mientras pasaba junto a ella y acuchillaba a dos z谩nganos. 脡l tambi茅n se fij贸 en el cielo―. Si busc谩bamos una oportunidad de hacerles da帽o, aqu铆 la tenemos ―afirm贸 antes de comenzar a ascender la colina donde se encontraba Nissa.
Chandra apret贸 los pu帽os. Hab铆a hecho su parte como cebo de primera. Ahora era el momento de aportar una ayuda m谩s definitiva.
―¡Jace, dej谩dmelos a m铆! ¡Voy a reducirlos a cenizas!
―¡No! ―se opuso Jace gritando tanto f铆sica como mentalmente―. Recuerda lo que os dije: da帽ar a los titanes o a Nissa romper谩 las l铆neas m铆sticas e interrumpir谩 el efecto del glifo. ¡Podr铆an escapar!
―He dicho que no ―se opuso Jace―. ¡T煤 mant茅n a raya a los Eldrazi!
Cuando Kiora vio que la isla flotante comenzaba a inclinarse y hundirse, su coraz贸n se hundi贸 con ella. La masa terrestre se derrumb贸 estrepitosamente, con su catarata cayendo en espiral, hasta que se estrell贸 en el mar ca贸tico y provoc贸 un estallido de espuma. Kiora observ贸 el cielo y se dio cuenta de que las dem谩s tambi茅n se ven铆an abajo. Las vio caer lentamente, dando vueltas de campana, desplom谩ndose en el suelo y levantando nubes de tierra con el impacto.
Ahora lo entend铆a. Los titanes compart铆an el destino de Zendikar. Debido a la magia de aquella elfa, los titanes solo morir铆an si Zendikar tambi茅n lo hac铆a.
―¡Revane! ―le grit贸―. Esto es el fin. ¡Su茅ltalos!
Nissa sacudi贸 la cabeza, ausente. La elfa segu铆a manteniendo el hechizo, pero Kiora estaba segura de que la hab铆a o铆do.
―¿C贸mo? ―intervino Jace―. ¡No podemos! ¡Kiora, tienes que frenar a los enjambres! ¡El hechizo acabar谩 con ellos!
―¡No va a funcionar! ―grit贸 Kiora, y apunt贸 con el bidente hacia un flanco―. Hemos hecho lo que pod铆amos, pero Zendikar perecer谩 si ellos lo hacen ―dijo se帽alando el cielo cubierto por los titanes―. Quieren irse de aqu铆. Dejad que lo hagan. ¡Podemos luchar en otra ocasi贸n!
Nissa neg贸 con la cabeza repetidamente mientras el resto de su cuerpo se tensaba junto con las l铆neas m铆sticas. Ten铆a la frente arrugada y empapada en sudor.
―Tenemos que destruirlos aqu铆 y ahora ―grit贸 Jace con el rostro severo y la capa sacudida por el vendaval―. Si no, condenaremos a todos los dem谩s mundos y morir谩n millones de personas.
―Estamos a punto de condenar este ―replic贸 Kiora. El pobre mago mental no lo entend铆a. Se obcecaba con su plan, incluso si significaba que todos iban a morir―. El mundo se desmorona y nosotros vamos a desaparecer con 茅l.
―El plan funcionar谩 ―respondi贸 Jace con firmeza.
―Si no pones fin a esto, Beleren, lo har茅 yo. ―Levant贸 el bidente y las aguas acudieron a su lado.
―¡Jace, dejad que los calcine! ―Chandra ten铆a los pu帽os en llamas y la mirada fija en el cielo.
―¡He dicho que no! ―respondi贸 茅l gir谩ndose r谩pidamente.
Chandra vio pasar a la trit贸n Kiora sobre una ola de agua, con su bidente en alto―. Les hemos dado una lecci贸n ―grit贸 ella―. No van a regresar. Tenemos que dejar que se marchen.
―Yo estoy con Chandra ―dijo la potente voz de Gideon en medio del vendaval. Se encontraba escalando el saliente de Nissa para ir a defenderla―. No debemos soltarlos, pero tampoco podemos contenerlos as铆. Est谩 muriendo gente a cada segundo.
Una roca se precipit贸 sobre el saliente y se estrell贸 en la cuenca, cerca del glifo. El suelo se resquebraj贸.
―Decid铆os...pronto... ―consigui贸 balbucir Nissa con esfuerzo.
―Det茅n el hechizo, elfa ―dijo Kiora con la respiraci贸n acelerada. Levant贸 el bidente y Chandra vio emerger un torbellino en las aguas de Halimar―. Los liberar谩s. Y si no lo haces por las buenas...
―Chandra, ¿puedes conseguirlo? ―dijo Jace apresuradamente en su cabeza.
El pu帽o de Chandra brillaba como un sol diminuto y ella altern贸 la mirada entre Nissa y el firmamento eldrazi. Estaba ansiosa por cubrir de fuego el cielo, por desatar su furia contra las abominaciones que amenazaban a sus amigos. Sin embargo, no estaba segura de si podr铆a lanzar un 煤nico ataque lo bastante potente. ¿C贸mo pod铆a saberlo nadie?―. Eso creo ―respondi贸 mentalmente.
―Tienes que estar segura. Dime si es as铆.
Nissa baj贸 la cabeza hacia ella. De alg煤n modo, sus ojos verdes y ciegos se encontraron con los de Chandra; incluso en medio de todo aquel caos, Nissa asinti贸. Por alg煤n motivo, sab铆a que lo conseguir铆a. En aquel instante, gracias a aquel v铆nculo de confianza, Chandra tambi茅n lo supo.
―Estoy segura ―dijo a Jace.
Kiora sosten铆a en alto el bidente de la diosa del mar, como si se dispusiera a golpear.
―Se ha agotado el tiempo, Revane.
Se inclin贸 hacia atr谩s y el agua retrocedi贸 al mismo tiempo.
Y entonces gir贸 hacia delante y arroj贸 todo el mar contra Nissa.
La elfa abri贸 los ojos de par en par...
... pero las aguas se separaron en dos, y cada mitad se dividi贸 en otras dos mitades, y todas las mitades resultantes se descompusieron en dos partes una y otra vez hasta que la esfera se disolvi贸 y se convirti贸 en una neblina. El agua cay贸 como una tromba y barri贸 a los Eldrazi. La flora y la fauna marinas se esparcieron por todas partes y los animales chapotearon.
El mago mental se hab铆a interpuesto entre Kiora y Nissa; sus ojos brillaban bajo la capucha y su mano extendida estaba envuelta en una magia azul centelleante.
Kiora no reaccion贸 durante un segundo de estupor. Entonces grit贸, pero de ella no surgieron palabras, sino sonidos de furia inarticulados.
Era ahora o nunca. Nissa estaba a salvo del hechizo de Kiora, pero pod铆a perder la consciencia en cualquier momento. Chandra ten铆a que destruir hasta el 煤ltimo rastro de los titanes con un 煤nico hechizo, o de lo contrario perder铆an Zendikar y los Eldrazi regresar铆an a la Eternidad Invisible.
Se dej贸 dominar por la furia. El fuego recorri贸 un brazo desde el pu帽o y descendi贸 hacia el otro. Su cabello estall贸 en llamas.
Record贸 la primera vez que vio a Ulamog, cuando se march贸 de vuelta a Regatha; pens贸 en la imagen que se hab铆a quedado grabada en su vista incluso despu茅s de abandonar el plano. No pod铆a borrarla de su cabeza ni descansar mientras siguiera all铆. Aquello eran los Eldrazi: unos monstruos colosales e insondables que hac铆an imposible vivir. Si hu铆an de Zendikar, ir铆an con los Planeswalkers all谩 donde viajasen, perseguir铆an la vida dondequiera que floreciese y acabar铆an con todo. Chandra sab铆a que sus amigos y ella hab铆an venido a ponerles fin. Esa era su misi贸n. Eso hab铆an jurado.
Sus manos se volvieron incandescentes. Levant贸 la vista hacia las corrientes verdes, las l铆neas m铆sticas que continuaban tensas, sujetando a los titanes y ancl谩ndolos al mundo. Sab铆a que las l铆neas se romper铆an cuando utilizara su piromancia. Acumul贸 m谩s y m谩s calor mientras las islas flotantes se precipitaban sobre el suelo, mientras la tierra se hac铆a pedazos y el mar herv铆a.
Chandra desat贸 el hechizo. Un torrente de fuego emergi贸 hacia el cielo...
La llamarada alcanz贸 la retorcida textura eldrazi, pero no fue suficiente ni por asomo. Su fuego apenas hab铆a ara帽ado a los titanes cuando eran seres finitos e individuales. Ahora no podr铆a incinerarlos en toda su extensi贸n, al igual que no podr铆a hacer lo mismo con un plano entero.
Vio por el rabillo del ojo una de las islas flotantes que se desplomaban y una peque帽a parte de su mente se percat贸 de que iba a estrellarse directamente sobre ella. Al mismo tiempo vio que el brillo del glifo se intensificaba mientras el fuego se extend铆a por los cuerpos de los titanes. Todo se ven铆a abajo. El glifo estaba a punto de expirar. Su furia tambi茅n lo har铆a pronto.
Todos iban a morir.
Apenas fue consciente de que Gideon acababa de saltar desde el saliente para interceptar la mole terrestre con su propio cuerpo, provocando una lluvia de piedras tras el impacto. Se concentr贸 solo en arrojar todo el fuego que pudiera, aunque no ser铆a suficiente...
Una mano se pos贸 con suavidad en el hombro de Chandra.
Y de pronto sinti贸 el man谩 de todo un mundo circulando a trav茅s de ella.
Ahora era el eje, el nexo que un铆a Zendikar a los titanes. Sab铆a que no podr铆a retenerlos como hab铆a hecho Nissa. Decidi贸 probar otra soluci贸n.
Chandra grit贸.
Y con su grito, atrajo toda la furia de Zendikar hacia s铆 misma, hacia su hechizo, su fuego.
Las propias l铆neas m铆sticas se encendieron, como si una chispa hubiese prendido un reguero de combustible. Las llamas surgieron en espiral desde Chandra hacia las corrientes de man谩 y se esparcieron por el cielo siguiendo la trayectoria de las l铆neas m铆sticas, envolviendo a los titanes.
Chandra continu贸 gritando, o puede que lo que gritaba fuese todo lo dem谩s.
El mundo destell贸 con un estallido de un naranja apocal铆ptico y luego se volvi贸 de un blanco cegador. Las piernas de Chandra flaquearon y la piromante se desplom贸.
Hubo un trueno, una explosi贸n de calor infernal y un ruido espeluznante cuando el cielo se hizo pedazos. Antes de perder la consciencia, Chandra pens贸 que deb铆a de ser el sonido del fin del mundo.
No pod铆a sentir esperanza. No pod铆a sentir asombro. Busc贸 entre el paisaje gris, tocando cuerpos. Ayud贸 a algunos supervivientes a ponerse en pie.
Se detuvo al ver un cuerpo. Ese lo reconoci贸. Era la piromante, que yac铆a en el barro con los cabellos rojos dispersos sobre el suelo. Kiora se arrodill贸 y la puso boca arriba.
La piromante permaneci贸 quieta por un momento, pero entonces se hizo un ovillo apoy谩ndose sobre el costado y tosi贸 barro. Cuando por fin levant贸 la cabeza, intercambiaron una mirada, pero Kiora no dijo nada. Le tendi贸 una mano para ayudarla a incorporarse, pero cuando la piromante la tom贸, hizo un gesto de dolor y se llev贸 una mano a la espalda. Kiora la solt贸 y la dej贸 tumbada.
Las dos contemplaron juntas la ceniza que ca铆a.
Vieron dos siluetas que contrastaban contra el cielo, pero eran im谩genes persistentes hechas de humo, como las estelas de unos fuegos artificiales. Las moles empezaron a disiparse y vieron asomar el cielo azul.
Poco a poco, m谩s gente apareci贸 entre el humo. Se reunieron caminando, cojeando o arrastr谩ndose hacia los dem谩s. Gideon y Jace. Tazri. Noyan, Drana y Jori.
Y la elfa. Nissa baj贸 tambale谩ndose de un mont铆culo de tierra y se sent贸 en el suelo. Ten铆a la mirada perdida, pero Kiora se fij贸 en que sus dedos escarbaron la tierra y dejaron a la vista el glifo que hab铆a quedado grabado permanentemente en ella.
La corteza terrestre estaba en calma. Muchas islas flotantes se hab铆an desplomado sobre la tierra, pero algunas a煤n flotaban en silencio en la lejan铆a, ignorando la gravedad como hab铆an hecho siempre.
Kiora not贸 que los dem谩s supervivientes empezaban a darse cuenta de que todo hab铆a terminado. No hubo v铆tores. No hubo discursos. Ninguna sensaci贸n de alivio o alegr铆a se apoder贸 de la multitud.
Unas pocas manos abrazaron hombros ajenos.
Se intercambiaron algunas miradas interrogativas.
Hubo cabezas que negaron o asintieron.
Se improvisaron vendas. Las manos sanadoras atendieron a los heridos. Se organizaron partidas de b煤squeda. Los rescatadores se reunieron entorno a los socavones y las grietas inundadas. Se encontr贸 y se despach贸 a los 煤ltimos Eldrazi.
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